De vez cuando en cuando soy feliz, opiné delante de un sabio que me examinó sin pasión
y me demostró mis errores. Mirando frente a frente al sabio sin decidirme a caer
le mostré que podía ver, palpar, oír y padecer en otra ocasión favorable.
Y que me dejara el placer de ser amado y de querer.
Me buscaría algún amor por un mes o por una semana o por un penúltimo día.
El hombre sabio y desdeñoso me miró con la indiferencia de los camellos por la luna
y decidió orgullosamente olvidarse de mi organismo.
Desde entonces no estoy seguro de si yo debo obedecer a su decreto de morirme
o si debo sentirme bien como mi cuerpo me aconseja.
Y en esta duda yo no sé si dedicarme a meditar o alimentarme de claveles.
Sin embargo - Pablo Neruda
No hay comentarios:
Publicar un comentario