domingo, 17 de junio de 2012

El placer

De vez cuando en cuando soy feliz, opiné delante de un sabio que me examinó sin pasión 
y me demostró mis errores.  Mirando frente a frente al sabio sin decidirme a caer
le mostré que podía ver, palpar, oír y padecer en otra ocasión favorable.
Y que me dejara el placer de ser amado y de querer. 
Me buscaría algún amor por un mes o por una semana o por un penúltimo día. 
El hombre sabio y desdeñoso me miró con la indiferencia de los camellos por la luna
y decidió orgullosamente olvidarse de mi organismo. 
Desde entonces no estoy seguro de si yo debo obedecer a su decreto de morirme
o si debo sentirme bien como mi cuerpo me aconseja. 
Y en esta duda yo no sé si dedicarme a meditar o alimentarme de claveles.

Sin embargo - Pablo Neruda

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